CEDA EL PASO con Fernando Monge

CEDA EL PASO con Fernando Monge





Es un hecho cierto que las campañas de seguridad vial fluyen con generoso caudal y llegan a todos los sectores de la sociedad de una u otra manera: los reiterados mensajes de la DGT, la Educación Vial en los centros de enseñanza, las revistas de motor y las diferentes asociaciones dedicadas a elaborar estadísticas y a sugerir actitudes, para que el tráfico sea más seguro, son muestras evidentes de tan digna labor; pero esas campañas… ¿Reducen la siniestralidad? Pues yo creo que sí, y creo además que, al ser difundidas con perseverancia ─preciada virtud─, las personas y entidades difusoras acrecientan las posibilidades de lograr sus objetivos.

Para corroborar que ese trabajo no es baldío, nos puede valer esta noticia divulgada en los medios de comunicación: “Baja un 75% la muerte de jóvenes en la carretera en los últimos diez años”. Este titular va acompañado de unos datos que resultan, al menos, esperanzadores, porque de los 1.500 que fallecieron en 2.006, hemos pasado a una cifra de 400 en 2.016. No es para echar las campanas al vuelo, ya que el número de fallecidos supera a los días que tiene un año, pero no cabe duda de que la situación ha mejorado.
Persistimos en la necesidad y conveniencia de las campañas preventivas, aportando más datos del informe: “Los conductores de entre 16 y 29 años lideran la reducción más significativa en el número de fallecidos por siniestralidad vial”.  Un fiel reflejo de que las campañas mejoran la educación y crean una mayor conciencia del riesgo al volante, factores que han desembocado en que los jóvenes conductores de hoy sean más seguros que los de hace una década.
Si nos detenemos en el controvertido asunto de conducir bajo los efectos del alcohol, aunque sea en pequeñas cantidades, nos encontramos con una agradable sorpresa, pues después de entrevistar a más de 2.000 jóvenes, resulta que son ellos los que hablan de la necesidad de endurecer las sanciones a los conductores que cojan el volante después de haber consumido alcohol o drogas, dándose la circunstancia de que más de la mitad de los encuestados apoyaría la tasa cero de alcoholemia.
Y como la juventud actual es tan desenvuelta en el uso de las nuevas tecnologías, también apuesta por soluciones innovadoras: como el sistema que, al detectar que el conductor está bajo los efectos del alcohol, imposibilita la puesta en marcha del vehículo; o los limitadores de velocidad, ya introducidos en el mercado del automóvil, que impiden exceder los máximos establecidos.
Amigos lectores de TODOMOTOR, ¿nos queda alguna duda de que las campañas de seguridad vial son útiles y necesarias? 
Con mis mejores deseos: salud, felicidad y perseverancia.
Fernando Monge
 4/noviembre/2017





Eran las siete de la mañana cuando sonó la alarma del móvil que estaba encima de la mesita de noche. Pedro se incorporó con parsimonia y se dirigió al cuarto de baño para refrescar su rostro con el agua del lavabo. Levantó la cabeza en dirección al espejo y, haciendo una mueca burlona, contempló sus desaliñados cabellos. Desperezándose, volvió al dormitorio y conectó los auriculares al teléfono para escuchar las noticias de la mañana. La voz aterciopelada de la locutora llegó a sus oídos:

─”Un conductor, con apenas tres meses de carné y quintuplicando la tasa de alcohol, empotra su coche contra una farola”.

─”Los vuelcos de un coche y un autobús, en sendos accidentes ocurridos en  la SE-30, provocan tres heridos graves”.

─No tenemos arreglo ─masculló mientras continuaba con el aseo personal.

Una hora más tarde, Pedro, conduciendo un utilitario gris, se dirigía a su centro de trabajo. Laura, una compañera de profesión, ocupaba el asiento del copiloto. La circulación, que era cada vez más densa, mostraba un plató en el que se escenificaba el transcurrir cotidiano: un lento desfile de vehículos, un estridente sonido de bocinas, un intercambio de airadas expresiones:
 
─¡Será posible, otro semáforo!

─¡Eh!, ¿no ves que ya está en verde?

─¡Menos prisa, hombre!, ¿por qué no te has levantado una hora antes? 

─Parece que son viejos conocidos ─ironizó Pedro.

─Sí, se tratan con mucha confianza ─continuó Laura con una pincelada de complicidad.

Poco después, cuando  el utilitario gris se detuvo en el semáforo que se encontraba a la salida de una rotonda, se colocó a su izquierda un vehículo pilotado por un conductor que, con grandes aspavientos y bajando el cristal, increpó:

─¿Qué pasa, no cedemos el paso?

Pedro, con una pasmosa tranquilidad, dijo al desaforado:

─¡Oiga!, que usted es el que tiene que ceder el paso.

─¡Lo que faltaba!, otro que no sabe circular por las rotondas. 

El iracundo, sin dejar de gesticular y mirando con cara de desprecio a su interlocutor, rebasó el semáforo en rojo.

─¡Qué energúmeno! 

─Tranquila, Laura.

─¡Pero si es que no tiene razón! No sé cómo puedes mantenerte tan sereno en estas ocasiones.

─Pues verás ─dijo Pedro─, como intento ser un buen conductor, tengo el deber de conocer y respetar el código de la circulación vial para conducir de forma segura, y todo me funciona mucho mejor si mantengo una actitud de permanente equilibrio emocional ante situaciones adversas.

─Es verdad, el equilibrio emocional nos proporciona la calma y la serenidad que, aderezadas con un entorno cordial y  un profuso respeto al medio ambiente, nos permitirán ir sobre ruedas ─añadió Laura.

Familia: calma, serenidad y saludos cordiales.

Fernando Monge
 21/Octubre/2017



Una valla publicitaria interactiva



Como es un hecho frecuente, creo que todos hemos presenciado, casi a diario, las escenas que tienen lugar en las inmediaciones de la mayoría de los pasos de cebra de nuestra ciudad y, cuando viajamos, también podemos presenciarlas en otras ciudades de la geografía nacional o internacional. 

Para situarnos en un escenario próximo a nuestro entorno, les voy a contar una vivencia personal que aconteció un tórrido día del pasado mes de agosto:

Poco antes de las nueve de la mañana, para evitar los rigores del calor que estábamos padeciendo, decidí dar un paseo con la buena disposición de mejorar la salud del cuerpo y del espíritu. Continuando con esa buena disposición, y haciendo un ejercicio de educación vial, me dirigí al paso de cebra más cercano para atravesar la calzada con la debida precaución. Cuando paré y miré, pude comprobar que no todos los conductores detenían sus vehículos como mandan las normas de tráfico. 


Hasta aquí todos de acuerdo, ¿verdad? ¿Pero qué ocurrió cuando me puse a observar el movimiento de los peatones y su deambular por la calzada a pocos metros del paso de cebra? Pues que pude presenciar secuencias tan variopintas como: la joven saltarina que sorteaba, en un santiamén, los metros que separaban una acera y la de enfrente; el señor mayor que caminaba pausadamente apoyado en su andador; la pareja que empujaba el carrito del bebé y, al mismo tiempo, manipulaba el móvil…


Yo sé que es muy difícil corregir esos malos hábitos, pero estoy seguro de que los responsables de la seguridad vial ─de todos los países del mundo─ no cejan en su empeño. Una muestra de ello, que viene aquí como anillo al dedo, es la campaña francesa para concienciar a los peatones, utilizando una valla publicitaria interactiva que funciona de la siguiente manera:

Cuando el peatón despistado o incívico cruza las calles de París de forma indebida, es detectado por la vigilante y traviesa valla publicitaria interactiva que emite el ruido que haría un coche al frenar de manera precipitada. El peatón se lleva un susto de muerte creyendo que va a ser atropellado. El desconcierto y la inquietud desaparecen cuando, unos metros más adelante, la valla muestra la cara demudada del imprudente individuo acompañada de un eslogan: “Ne prenez pas le risque de voir la mort en face”  (“No te arriesgues a ver la muerte en tu cara”).

Los colaboradores de esta revista digital consideramos que todas las medidas encaminadas a salvar vidas son plausibles,  así que un "chapó" por los ingeniosos publicistas que, según nos cuentan fuentes fidedignas, están consiguiendo excelentes resultados.

Amigos lectores de  TODOMOTOR, que sean felices y, por favor, eviten los sustos.

Fernando Monge

Me he tomado la libertad de utilizar como titular de este artículo el mensaje que los escolares de Villanueva de la Cañada, un municipio de la Comunidad de Madrid con una población de 20.000 habitantes, están pintando en los pasos de peatones ubicados junto a los centros de enseñanza. El Ayuntamiento de esta localidad, a través de la Policía Local, promueve esta iniciativa destinada a concienciar a la población infantil sobre la importancia que tiene cruzar correctamente la vía pública.  Si tenemos en cuenta que, según las estadísticas, el 40% de los peatones atropellados lo fueron en pasos de cebra, la medida es para enmarcarla con todos los honores.

Pero sigamos, sigamos con las estadísticas. 

"Un total de 68.000 peatones han sido atropellados en España en los últimos seis años, con un balance de 13.500 heridos graves y 3.300 muertos.

El 60% de los atropellos son por distracciones y velocidad inadecuada.

El 40% restante se debe a imprudencias cometidas por los propios  peatones, como cruzar por lugares indebidos o con poca visibilidad para el conductor".

Vemos, por lo tanto, que, en más de una ocasión, no utilizamos el paso de peatones o lo utilizamos sin la debida cautela y, si está un poco alejado del lugar en el que nos proponemos cruzar, nos arriesgamos, aunque tengamos que sortear el tránsito de los vehículos con el consiguiente peligro para nuestra integridad física. 

Aunque estos datos fueron publicados por la Fundación MAPFRE en el año 2012, los podemos trasladar, sin ninguna duda, al momento actual, porque, por ejemplo, el delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla ha comunicado que durante los años 2015 y 2016 se produjeron 1.008 atropellos en nuestra ciudad.

Así que, como hoy nos toca a los peatones,  sería menester que pusiéramos en práctica nuestra prudencia, y que hiciéramos un ejercicio de responsabilidad, con el cumplimiento de las siguientes normas:

Cruzar siempre por los pasos de peatones (pasos de cebra,  regulados por semáforos o vigilados).

En los pasos con semáforos o vigilados, no debemos atravesar hasta que se han hecho las señales de detención de los vehículos.
Y no olviden el mensaje: “Para, mira y cruza”.

Con mis mejores deseos para todos los lectores de TODOMOTOR, un cordial saludo.

Fernando Monge
fmongef@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario